La restricción del crédito bancario asfixia a familias y empresas: pymes que ven canceladas líneas de financiación, jóvenes que tienen cerrada la posibilidad de adquirir un piso incluso si se trata de uno de los que tienen los bancos en cartera, emprendedores que no encuentran préstamos para poner en marcha un proyecto…

El origen de la sequía del crédito, que comenzó hace ya tres años, es motivo de constante disputa. Emilio Botín, presidente de Banco Santander, aseguraba hace dos semanas que no prestan más “porque no hay demanda solvente”. Los pequeños empresarios no opinan igual. El presidente de la patronal de pequeñas empresas (Cepyme), Jesús Terciado, recordaba al banquero que los requisitos de solvencia exigidos por las entidades financieras han aumentado “de manera exagerada y desaforada” en los últimos tiempos, lo que ha provocado que el crédito se encuentre “prácticamente cerrado” para las empresas.

Al margen del origen del problema, las cifras sobre el cierre de la financiación son elocuentes. El nuevo crédito para la compra de vivienda por parte de familias españolas quedó en 2011 en 37.525 millones de euros, una cifra un 46% inferior que el ejercicio anterior. El desplome, desde el máximo de 2006, es del 78%. Y la situación no parece que vaya a mejorar mucho en los próximos años. Juan María Nin, consejero delegado de CaixaBank, avanzó esta semana que el saldo crediticio en España podría reducirse en casi un 30% en los próximos seis años, desde los 1,8 billones de euros actuales hasta 1,4 billones. En definitiva, restricción del crédito hasta 2017. Incluso el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, advertía estos días del caso particular de España, donde el crédito está especialmente congelado.

Poniendo la lupa en algunos casos particulares, cuesta entender el argumento del sector bancario de que no hay demanda solvente. Javier, de 45 años, es médico internista en un hospital de la Comunidad de Madrid. Su mujer, Inmaculada, de 44 años, trabaja para la misma administración. Hace tres meses solicitaban a un gran banco español un crédito de 150.000 euros para comprar un piso antiguo en Madrid, una vivienda para que su hija se instalara al empezar sus estudios universitarios. El director de su oficina les dijo que no habría ningún problema: dos sueldos fijos de funcionarios, una vivienda unifamiliar como primera residencia -totalmente pagada-, además de suelo rústico en propiedad, procedente de una herencia.

También tenían unos ahorros para hacer frente a la entrada. Cuando tenían fecha para ir a la notaría a formalizar las escrituras de propiedad, recibieron una llamada de la sucursal: la central de riesgos había frenado la operación por considerar que no tenían el perfil crediticio adecuado. “No podíamos comprenderlo”, explica Javier. “Si nosotros no somos solventes… ¿quién lo es?”.

Los economistas apuntan a un círculo vicioso en el cierre del grifo crediticio. El deterioro de las perspectivas económicas repercute negativamente en los modelos que utilizan las entidades financieras para determinar si una persona es o no solvente: cuanto peor sea la previsión de crecimiento económico o de incremento del paro, más difícil será que un banco esté dispuesto a conceder un préstamo a una empresa o familia. Y en la presente crisis, ni siquiera la administración pública se salva de la quema, bajo la amenaza de rebajas de sueldos o retrasos en los pagos de salarios. A la vez, cuanto más se restringe la oferta crediticia, más difícil es que se recupere la economía.

En paralelo al deterioro económico, aunque íntimamente relacionado, surge el problema de la desconfianza hacia el sistema financiero español. La fuerte exposición al ladrillo y la sobredimensión del sector despertaron muchos recelos entre los inversores internacionales. El Gobierno socialista y ahora el encabezado por Mariano Rajoy han intentado, de la mano del Banco de España, tratar de restituir la confianza con nuevas exigencias en materia de solvencia, peticiones de saneamientos adicionales para el ladrillo, ayudas para conseguir reducir la capacidad instalada en el sector… Fórmulas con las que devolver la credibilidad del sistema, obligado al mismo tiempo a desinflar la burbuja de crédito que alimentó en los años del boom del ladrillo, en un proceso de desapalancamiento -de reducción del crédito respecto al volumen de depósitos- que promete durar más tiempo del previsto y del soportable para el tejido económico.

La reciente reforma financiera anunciada por el Gobierno busca precisamente el restablecimiento del crédito, al menos hacia aquellos sectores ajenos al ladrillo, en los que debe asentarse la construcción de un nuevo modelo productivo pero que también se ven penalizados por la sequía crediticia.

Localizado el grave problema de los riesgos inmobiliarios -y decidida ya su amplia cobertura en un plazo de uno o dos años, según la entidad-, pymes, autónomos y emprendedores reclaman crédito bancario para su actividad, al tiempo que el Gobierno le recuerda a la banca su papel esencial de prestamista de cara a la sociedad. De hecho, la reforma financiera establece que las entidades que reciban ayudas públicas -en el marco obligado de un proceso de fusión- deberán asumir un compromiso de concesión de crédito para el plazo de tres años. No en vano, la primera oleada de ayudas públicas no contribuyó a restablecer el crédito bancario sino a sanear balances y financiar prejubilaciones de la plantilla.

La banca española afronta por tanto el desafío de reducir los riesgos asumidos durante los alegres años del boom, si bien ha encontrado un valioso aliado en las inyecciones de liquidez a tres años puestas en marcha por el BCE.

La institución inyectó en el sistema casi medio billón de euros en diciembre, que han apaciguado de forma efectiva las primas de riesgo, y se prepara para una nueva avalancha de liquidez a finales de febrero. El objetivo de sosegar el riesgo soberano se ha logrado, pero la banca europea -y española- sigue sin dar el paso siguiente, el de transformar toda esa liquidez en créditos para sus clientes, a pesar de que las primas de riesgo, referencia obligada en el coste de financiación del sector, se han moderado. La banca recuerda que, mientras no se resuelva la crisis de deuda soberana, no se sentarán las bases para que el crédito vuelva a fluir e insiste en el argumento de que la reactivación del crédito depende no solo de lo que ocurra en España y va más allá de la reforma financiera. Quizá sea el único punto en el que todos coinciden: bancos, Gobierno y ciudadanos.

Fuente: cincodias.com http://www.cincodias.com/articulo/d/credito-dique-seco-espera-banca/20120211cdscdicnd_1/