• El 11 de enero de 2011 la vida de la china Lili Zeng cambió para siempre. Para ella terminó. Un grupo de siete trabajadores de la Oficina de Planificación Familiar de su provincia -Jiangxi- forzaron a Zeng a tumbarse y le practicaron un aborto por inyección salina. Estaba embarazada de nueve meses.

    Recuerda sus gritos de furia y horror antes y durante la inserción de la aguja destinada a acabar con la vida de su hijo. Y recuerda también las risas de los trabajadores de la Oficina que, una vez completada su labor, desaparecieron dejando a Zeng sola en una habitación.

    Dio a luz por la noche. Y dio a luz a un niño vivo. “Estaba respirando; grité pidiendo auxilio pero no vino nadie. Lo sujeté entre mis brazos y me desmayé del dolor. Cuando desperté había muerto”.
    Al día siguiente pudo abandonar el centro de Planificación con un certificado del aborto practicado a un niño de siete meses. Mentira, según Zeng, que asegura tener las pruebas ginecológicas que demuestran que estaba embarazada de nueve meses.

    Su marido, culpable

    “Desde entonces no puedo contener las lágrimas, apenas como y sólo pienso en acabar con la vida de quienes mataron a mi hijo antes de poner fin a la mía”. Zeng ya ha intentado suicidarse tres veces y ahora, más de dos años después de la muerte de su pequeño, cuenta su historia, su verdadera historia.
    Después de visitas, llamadas y mensajes al centro de Planificación Familiar sin obtener respuesta, recibió por fin la carta de una trabajadora. Poco antes del aborto de Zeng llegó al centro de Planificación la primera mujer del marido -ya ex marido- de Zeng denunciando el embarazo no permitido -en virtud de la política china del hijo único- de una mujer. Durante toda una semana, explica la trabajadora, recibieron la visita de la primera mujer del marido de Zeng. Pedía ayuda para terminar con ese embarazo no planificado, pero la oficina le recomendó solucionar las cosas en familia.

    Una semana después esta trabajadora recibió la llamada de sus supervisores en Planificación Familiar, la oficina provincial, que se quejaban por el aviso de un embarazo no planificado del que se habían desentendido. La alarma la había dado una mujer -la primera mujer del marido de Zeng- en presencia de un niño.

    Mujer e hijo convencieron al hombre para que firmara el permiso necesario para practicar el aborto a Zeng y, sin que ella pudiera hacer nada por evitarlo, sentenciaron a muerte al niño que venía de camino. “No sé cómo voy a poder vivir si no se hace justicia. Pido ayuda. Soy de Youshan Borough, Xinfeng, provincia de Jiangxi”.

    Sin final aparente

    El caso de Zeng, que ha llegado a Occidente gracias a la organización estadounidese Women Rights Without Frontiers que dirige la abogada Reggie LittleJohn, no es único ni será el último. La política del hijo único vigente en China, con cuyo final se especuló a finales del pasado año, seguirá funcionando en el gigante asiático por ahora, según el último anuncio de la ministra de Población y de Planificación Familiar de China, Wang Xia.

    Sin otra preocupación que el mantenimiento de una tasa de natalidad baja y controlada, las autoridades chinas prohíben a las parejas tener más de un hijo si viven en el área urbana y más de dos si son de áreas rurales. Esta norma no sólo es responsable de miles de abortos forzados y de una elevadísima tasa de suicidio femenino -590 mujeres al día en China-, sino también del drástico envejecimiento de la población y la soledad de los mayores. Los ancianos de las zonas rurales, de hecho, guardan consigo un frasco de pesticida o veneno para que, si enferman, puedan acabar con su vida si no tienen ayuda y se ven solos

  • Fuente: inter http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/internacional/nacio-vivo-respiraba-pedi-auxilio-pero-no-vino-nadie-20130905