De la decepción a la reflexión. Ese es el paso inmediato que van a tener que acometer los 180 integrantes de la delegación de Madrid 2020 que han vuelto esta madrugada de Buenos Aires aún sin creérselo. La euforia, no se sabe muy bien porqué, se había desatado en los días anteriores a la designación y todo el mundo contaba con que Madrid sería la ciudad designada o al menos la finalista para los Juegos de 2020.

Nada de eso sucedió y la tristeza invadió a la delegación española. La decepción inicial por el mal resultado se transformó en rabia hacia los miembros del Comité Olímpico Internacional (COI). “Hemos hecho todo lo que nos han pedido. Qué más quieren”, decía un alto cargo de la comitiva. Y la siguiente reflexión llevó a la pregunta que surgió nada más conocer que no organizaría los juegos de dentro de siete años. ¿Nos volvemos a presentar a los de 2024? La posibilidad de presentar una candidatura para esa fecha parece improbable tras tres derrotas consecutivas. “No es el momento de hablar de esto”, zanjaron los miembros de la delegación. Alejados de los micrófonos, algunos incluso se cuestionaban si tenía sentido organizar una nueva candidatura y llamar de nuevo a las puertas del Comité después de tantas negativas. Se trataría de evitar el ridículo de otras ciudades candidatas, como la de Estambul, cuyo proyecto ya ha sido rechazado por cinco veces.

De momento, nadie en el Ayuntamiento se plantea esa opción. En una primera aproximación no hay ninguna razón que invite a pensar que es vital e imprescindible embarcarse en una aventura de esta dimensión. Durante las últimas semanas siempre se ha destacado la transformación que sufrió Barcelona con la celebración de los Juegos Olímpicos del 92, pero la situación ahora es radicalmente diferente. El ayuntamiento de Barcelona aprovechó ese acontecimiento para trazar todas las rondas que circunvalaban la Ciudad Condal y unir la ciudad con el mar, lo que a posteriori dio un gran impulso económico a la ciudad con la explosión del turismo y de la actividad comercial. Madrid, sin embargo, no necesita reformularse urbanísticamente ni económicamente. Sí le era necesario en 2005, la primera de las veces en las que presentó su candidatura.

Por aquella época el aeropuerto de Barajas no se había ampliado, la M-30 (el primer anillo que circunvala la ciudad) no se había soterrado, la red de Metro y de Ferrocarriles no se había modernizado y la consecución de unos Juegos Olímpicos podría haber dado un impulso definitivo a esas obras.

No se consiguieron, pero las obras se fueron acabando. Eso sí, a costa de engordar hasta extremos insostenibles la deuda municipal. En el primer trimestre de 2005, coincidiendo con toda la actividad promocional para optar a los juegos de 2012, el endeudamiento del Ayuntamiento era de 2.523 millones. En 2009, metidos en la faena para lograr los de 2016, esa cifra se había triplicado y llegó a los 6.301 millones. El último dato del Banco de España, correspondiente al primer trimestre de 2013, la eleva hasta los 7.455 millones. Esto significa que la ciudad de Madrid debe más dinero que lo que adeudan nueve comunidades autónomas. Por lo tanto, el interés por los Juegos Olímpicos de 2020 no obedecería tanto a la posibilidad de seguir creciendo y haciendo nuevas infraestructuras, como al hecho de que la celebración de los juegos serviría para impulsar el gasto público y privado en un entorno de fuertes estrecheces presupuestarias. Y de paso serviría para impulsar la actividad y la creación de puestos de trabajo.

Un buen ejemplo es el del Estadio de la Peineta, que supuestamente iba a ser la sede central de los Juegos de 2020. El rechazo a la candidatura de Madrid puede paralizar aún más las obras de este estadio, cuyo destino final será albergar los partidos que dispute el Atlético de Madrid en casa.

Pese al colosal endeudamiento que acumula el Ayuntamiento madrileño, la nota de su deuda no ha sufrido un castigo superior al registrado por el resto de comunidades y entidades locales. Sin embargo, ese endeudamiento sí puede haber pesado en la decisión final del Comité Olímpico Internacional. De hecho, algunos integrantes del COI ya habían deslizado en las jornadas previas la necesidad de que Madrid se olvidara de las aventuras olímpicas y dedicara los recursos a combatir la crisis y el paro. Muchos obviaron, no obstante, que Madrid es una de las comunidades menos castigadas por la recesión en España. Sin embargo, el mensaje no iba dirigido en exclusiva al ayuntamiento de Madrid, sino a toda la economía española. En las ruedas de prensa previas a la designación, una pregunta que se repetía con insistencia desde la prensa extranjera era la dificultad para comprender como quería organizar unos juegos sin antes resolver el problema del paro o del desfase entre ingresos y gastos.

Un problema que no tenía ni de lejos la candidata nipona. Pese al impacto que la crisis internacional, el tsunami de 2011 y el accidente de la central nuclear de Fukushima, Japón sigue siendo la tercera economía más grande del mundo, el cuarto mayor exportador y Tokio sigue siendo el eje sobre el que báscula toda la economía.

Sin embargo, el problema de la deuda ha disparado todas las alarmas internacionales. El endeudamiento público de Japón alcanzó un nuevo récord en junio al alcanzar los 7,7 billones de euros, lo que supone más del 200% del PIB (España tiene ahora mismo un 90% del PIB). Los expertos, sin embargo, destacan las diferencias existentes entre un caso y otro. En del España, una gran parte de la deuda pública está en manos de no residentes y en Japón, la gran mayoría está en manos de residentes y además cuenta con un ingente volumen de divisas para ir haciendo amortizaciones parciales del endeudamiento.

 

Los japoneses creen que ayudará a la recuperación

Japón y Tokio en particular celebraron ayer su designación como sede para los Juegos Olímpicos de 2020 con la esperanza de que sirvan para impulsar la economía, el deporte y superar la crisis nuclear en Fukushima y el devastador tsunami de 2011.

Tokio espera no defraudar las expectativas levantadas y organizar unos Juegos cuyas principales bazas serán la seguridad, la fiabilidad de su transporte y su poderío económico.

Para ello cuenta con un fondo del Gobierno Metropolitano de unos 3.410 millones de euros, de los que gran parte del presupuesto se los llevará la nueva Villa Olímpica (unos 808 millones de euros) y la remodelación del Estadio Olímpico, estipulada en más de 1.000 millones de euros

París se prepara para diseñar su candidatura

La prensa francesa consideró ayer que la elección de Tokio para organizar las Olimpiadas de 2020 estaba dentro de lo previsto y que además constituye un elemento positivo de cara a una nueva posible candidatura de París con vistas a 2024. L’Equipe consideró que “Tokio ha aprendido mucho para conservar lo mejor y garantizar, con un presupuesto razonable, la financiación, la seguridad y la preparación de los Juegos en los plazos. Una perspectiva que alivia a los miembros del COI, inquietos por los retrasos de Río”.

El rotativo francés estimó que “los madrileños sufrieron una ducha fría, aunque su recorrido merece ser subrayado. Pese a considerarse perdedora, estuvo finalmente ayer en igualdad con Estambul”.

Barcelona ve el camino despejado para sus juegos de 2022

El alcalde de Barcelona, Xavier Trías, lamentó ayer la derrota de la candidatura de Madrid para acoger los Juegos Olímpicos de 2020, pero aseguró que es noticia eleva las posibilidades para que Barcelona pueda albergar los Juegos de Invierno de 2022: “Si nos hubiésemos encontrado que Madrid tenía el 2020, era seguro que nos teníamos que replantear el 2022 y debíamos pensar en el 2026 o en el 2030”, apuntó.

En declaraciones a Catalunya Radio, Trías destacó la “excelente calidad técnica” de la candidatura madrileña y animó a la capital española a aprovechar el trabajo hecho. Así recordó que las instalaciones que dejaron los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 están funcionando todavía “con mucha calidad”, en eventos como los X Games, la fase final del Campeonato del Mundo de Balonmano o los recientes de Natación.

Jaca, la otra gran derrotada en la modalidad invernal

Madrid y Estambul, derrotadas el sábado por Tokio en la elección de los Juegos de 2020, no son las primeras ciudades que han pedido la sede olímpica con insistencia y se han topado con la indiferencia del COI. París y la española Jaca son otros ejemplos recientes de ciudades embarcadas, sin éxito, en reiterados proyectos.

La ciudad oscense tuvo cuatro fracasos olímpicos como candidata a los Juegos de Invierno -1998, 2002, 2010 y 2014-, sin que consiguiera mejorar posiciones. Para 1998, aún sin corte, fue la segunda más votada (21) en primera ronda, pero fue eliminada en la siguiente (5 votos). No superó el corte del COI con los proyectos de 2002, 2010 y 2014. Otro proyecto que se gestó junto a Zaragoza como candidata a los Juegos de 2022, y que hubiera incluido también a Jaca, se abortó por la falta de apoyo político.

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