Miles de familias hacen cola cada día para comer, y no precisamente en un restaurante de lujo o una franquicia de comida de rápida. Lo hacen a las puertas de los comedores sociales, colas que pasan inadvertidas para la mayoría de medios.

Estas colas se suceden desde hace un largo período de tiempo, y a ella acuden parados trajeados, quienes aún no han contado su situación de desempleo a la familia, e incluso acuden familias enteras. Sonoro fue el caso del modisto de la reina Letizia, Manuel Stefano García Die, que en 2012 era no solo usuario de un comedor social sino que también ayudaba a otros en la parte alta de la ciudad de Barcelona.

Pero estas colas no aparecen en medios, ni tampoco es un tema que cope las conversaciones de la primera línea de la política. De hecho, pese a presupuestarse partidas para ayudar a estos centros, desgraciadamente necesarios, no se asignan las cantidades estipuladas, como ha ocurrido en Madrid, donde los comedores sociales cuentan con un presupuesto de dos millones de euros y donde se habían invertido solo 24.000 euros.

Podemos sacó la bandera de la pobreza en las campañas municipales de 2015, asegurando que había millones de españoles en situación de pobreza mientras se rescataba a las cajas de ahorro politizadas. Pero como dice el refrán, del dicho al hecho hay un buen trecho. En algunos municipios donde gobierna se ha dado por finiquitado los contratos con los comedores sociales, que han obligado a su cierre, como en se discute en Paterna (Valencia) y en Baleares.

El plan de Podemos es entregar tarjetas sociales, es decir, obtener directamente el nombre y apellidos de quienes usan los comedores sociales, una forma de control más impuesta por una ideología propia del chavismo y que recuerda a las cartillas de racionamiento.

Esta pasada semana se ha discutido acaloradamente en el pleno municipal de Paterna, donde Compromís quiere romper el contrato con el comedor social municipal y dar a los ciudadanos una tarjeta social. En el pleno del Ayuntamiento, los vecinos rechazaron esta decisión al unísono, sumándose a las críticas del PP contra Compromís por no dar opción a elegir entre comedor social y tarjeta. “Si es preciso encontrar un nuevo emplazamiento o si es necesario realizar cambios en la gestión, pero entendemos que en la actual situación socioeconómica se trata de un recurso municipal del cual no se puede prescindir”, exigían los ‘populares’. En concreto, este comedor da comidas a 168 personas derivadas de los Servicios Sociales, de las que casi la mitad eran menores de edad.

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Además, reparte cerca de 30 bocadillos diarios en uno de los barrios más pobre del municipio, La Coma. No obstante, los voluntarios de este comedor realizan otros trabajos sociales, como buscar empleo a los usuarios, una vivienda o visitas médicas. Asimismo, estos usuarios reciben ayudas directas para hacer frente a los recibos de luz, agua y gas.

Ahora Compromís, con el apoyo del PSOE, cerrarán este servicio social, pese a la oposición de los vecinos y del PP, que ha exigido dejar elegir a los paterneros, más cuando el comedor social tiene un presupuesto de 750.000 euros. En su programa electoral, Compromís prometió cuatriplicar ese presupuesto, ahora da un giro inesperado y pondrá el candado a la puerta el próximo mes de diciembre.

En Aragón, con PSOE y Podemos, tienen tal urgencia social que están debatiendo sobre si abren el próximo verano el comedor de uno de los barrios más pobres de Zaragoza. En un país serio no haría falta dicho debate, más cuando este comedor va destinado únicamente a niños en exclusión, en concreto 61 pequeños que recibieron el pasado 2015 cerca de 1.400 comidas.

Otro cambio en Podemos se produce en Mallorca, con el cierre del comedor social Son Gotleu, de la ONG Ayuda a tu gente Mallorca. El comedor daba de comer a 400 personas la mes, entre 30 y 40 personas cada vez que abría sus puertas, al no poder afrontar los gastos. El comedor está situado en una de las zonas más pobres de Mallorca, donde existen otros dos cuyas largas filas dan la vuelta a la manzana.

Su responsable, Miguel Sánchez Sánchez, y ex usuario de los comedores sociales, se ha visto superado por el elevado gasto que suponía el alquiler, 357 euros al mes, las liquidaciones del IRPF, y con una escasez de ingresos.

En Galicia, el comedor social social de Cangas llega a atender a 400 beneficiarios al mes, con una media de 70 personas diarias. El Gobierno de Vigo ha realizado una promesa a medias. “Intentará realizar un esfuerzo económico” para ayudar a este comedor al que acuden diariamente 20 voluntarios. En el momento más violento de la crisis, los usuarios llegaron a ser 130 diarios. Además, el comedor social Centro Integral de Inclusión e Emergencia Social ha llegado al 90% de ocupación en los últimos seis meses, hasta alcanzar los 11.400 usuarios, una media mensual de 254.

Ejemplos casi anónimos contra la pobreza

Ante esta falta de firmeza por parte de la política para atajar el problema de la pobreza, hay quien realiza fuertes donaciones, como el triatleta cartagenero Javier Carnero, quien ha donado 800 kilos al comedor social de Jaén tras recorrer la friolera de 515 kms entre los pasados 21 y el 23 de octubre en Sevilla. La comida la recibió un comedor de Cáritas para garantizar almuerzo y merienda a casi 70 niños del casco antiguo de Jaén.

Otras ayudas solidarias también llegan del fútbol. El Club Deportivo Badajoz ha entregado comida a un comedor de las Hijas de la Caridad.

 

Fuente: inter http://intereconomia.com/economia/politica/comedores-sociales-colas-ocultas-20161105-2021/