Y escampa. Tuve yo un problema con la mirada del cardenal arzobispo de Buenos Aires. No sé si la califiqué bien o mal. Pero algo tenía en la mirada: ¿Duro, triste, torvo…?

No tengo ningún master en miradas. Por lo que me puedo equivocar opinando sobre las mismas. Con lo que no pasa nada. Simplemente que me equivoqué. Y que juzgué una mirada dulce, amable, afectuosa como hosca, de pocos amigos…

No volvería sobre esa historia, asumida totalmente, así como las críticas que subsiguieron y que me traen sin cuidado, si no me encontrara con otro testimonio respecto a la mirada bergogliana. Y éste de un amiguísimo del cardenal- Tan amigo que nada más ser elegido Papa le nombró para su puesto de arzobispo de Buenos Aires.

Y esto nos dice el arzobispo Poli, seguramente en breve cardenal Poli: “Se le fue la cara triste
»Después de estas cosas, les digo que el Papa está con mucho entusiasmo. Aquí tenía una cara… que nosotros decimos… ¿viste cuando a las mamás los chicos se le ponen muy caprichosos y dicen: “a mí, nunca una alegría”? Es la frase de la mamá: “¿Acá nunca una alegría?” Bueno, así le decíamos nosotros al Papa: “¿Acá nunca una alegría? Siempre con una cara de velorio bárbara!” Una cara así, adusta (con un corazón de oro)”.

Triste, de velorio, adusta… Pues algo debía tener el cardenal en la mirada para que yo, con mayor o menor acierto, la calificara de torva. ¿Tal vez debí haber dicho de pepinillo en vinagre? Después de lo dicho por el arzobispo de Buenos Aires ya no me encuentro tan solo en mi más o menos acertada definición de la mirada del cardenal Bergoglio.

 


 

Fuente: inter http://www.intereconomia.com/blog/cigueena-torre/mirada-torva-cardenal-bergoglio-20130903