Hasta que no fue público y notorio el escándalo Urdangarin, que abrió la caja de los secretos de la Primera Familia, la Reina siempre ha sido la que se encargaba de velar por la unidad Familiar. Y más desde que la primogénita de la casa se convirtió en la primera infanta de España que se divorciaba. Antes que ella hubo apaños que disimulaban desencuentros conyugales como los de sus abuelos, bisabuelos y demás pariente directos, pero nunca se hicieron efectivos legalmente por cuestiones obvias.

Con el terremoto que ha supuesto la imputación del duque de Palma y el conocimiento a través de la prensa de sus desmanes, los malos rollos familiares se han convertido en públicos. La relación del heredero con Urdangarin no es fría como algún periodista adepto ha calificado sino inexistente. El príncipe es consciente de la repercusión negativa que las acciones de su cuñado tienen en la opinión pública con el consiguiente deterioro para la Corona. Su postura ha sido impecable y en su caso no cabe duda de que primero está la institución y después los lazos familiares. Con su hermana Cristina, por ahora tampoco hay sintonía.

Otro frente abierto en el organigrama han sido los desapegos de la princesa con sus cuñadas. Unos desajustes que vienen de lejos y que en su día la Casa desmintió. Como es natural ahora la consorte apoya a su marido y, por lo tanto, no hay comunicación con los duques de Palma y la justa con la infanta Elena.

Estas navidades cuando la sombra de la duda envolvía a Urdangarin aún se mantenían las apariencias aunque las reuniones familiares eran como el cuento de los Diez negritos. En cada festividad faltaba alguien como en la historia de Agatha Christie. No se calmaron las aguas sino que las turbulencias aumentaron y es entonces cuando el papel de mediadora  de la infanta Elena ha sido determinante porque mantiene el contacto verbal con todos los miembros de su familia y es, además, la correa de trasmisión entre el titular y el resto. Se lleva de cine con su padre, el Rey, con el que comparte aficiones como la caza y más de una vez se han ido de cañas al hotel Ritz, algo que el “Patrón” (como le denominan ) no ha hecho públicamente con sus otros dos hijos y menos con su mujer.

Asumiendo la situación familiar y para no disgustar al Rey, la infanta Elena no se desplazó a Washington como estaba previsto porque ya eran suficientes las imágenes innecesarias de la Reina con su yerno. Aún no estaba imputado, pero las informaciones de sus “pelotazos empresariales” mostraban una “conducta poco ejemplar”, definido por Spottorno.

Cuando la infanta Cristina llegó a Madrid fue su hermana la que se encargó de recibirla cuando el matrimonio Urdangarín se instaló en el pabellón de invitados. Quedaron para comer y después organizó una cena con la Reina. El príncipe y el Rey prefirieron hacerse invisibles y no hubo encuentro, aunque sí supieron del estado emocional de la hija y hermana a través de la mediadora real.

Su papel es fundamental para que la infanta Cristina no se sienta tan aislada. Y eso que aún no se había publicado en Interviú el informe del CNI sobre la amistad del duque de Palma con una bella rusa de la que se intuía podía ser espía. Ni lo era, ni tenía pretensiones de ingresar en el KGB y, por lo tanto, los servicios secretos españoles no fueron más allá.

Lo que sí sorprende es que sea ahora cuando se filtre una información que en cualquier caso podía servir para sembrar la duda en el matrimonio. La infanta Cristina nunca ha dudado de la buena fe de su marido en los turbios negocios pero, ¿qué pasaría si empiezan a salir amistades femeninas del señor duque? Según parece el abogado Pascual Vives estudia demandar a los medios que relacionen a su defendido con la supuesta espía. Según esta medida es de suponer que la primera demanda tendría que recaer en el CNI. ¿Qué dirá entonces el Rey?

Fuente: El Confidencial http://rss.feedsportal.com/c/32483/f/480388/s/1d5394cd/l/0L0Svanitatis0N0Cblogs0Cen0Evena0C20A120C0A30C110Cla0Einfanta0Eelena0Ela0Emediadora0Ede0Ela0Efamilia0Ereal0E10A160C/story01.htm