• La señora Fox estaba tan cansada que se acostó antes de lo habitual, y con ella, sus hijas pequeñas Kate y Maggie, de 8 y 6 años, que dormían en otra cama de la misma habitación. Serían las siete de la tarde cuando se oyeron unos sonidos sordos y espaciados, como si alguien golpeara el suelo. La señora Fox se sorprendió: conocía todos los ruidos de aquella pequeña casa en Hydesville, un pueblo cercano a Nueva York. Las niñas se incorporaron al escuchar los golpes. La pequeña Kate chasqueó una vez los dedos. Se oyó un golpe. La niña chasqueó dos veces los dedos. Se oyeron dos golpes.

    Kate, la pequeña, dijo en voz alta: “Ahora haz lo mismo que yo. Cuenta uno, dos, tres, cuatro…”. Y se oyó un golpe. Luego dos seguidos y luego tres… Maggie silbó una vez, y luego tres. Se oyó un golpe, y luego tres. La señora Fox dijo: “Dime las edades de mis hijas”. El trasgo, quimera, espantajo o lo que fuera, acertó las edades de Leah (la mayor, que no vivía ya en la casa) y las de Kate y Maggie. La señora Fox preguntó: “¿Es un ser humano el que hace estos ruidos? Si lo es, responda con dos golpes”. Nada se oyó. La señora Fox repreguntó: “¿Es un espíritu?”. Se escucharon dos golpes. ¿Es un espíritu afligido? Dos golpes. ¿Fue herido en esta casa? Dos golpes.

    Mister Splitfoot, el demonio

    Con el sistema de dos golpes para decir “sí” y ninguno para decir “no”, los Fox conocieron que aquel era el espectro de un varón de 31 años, llamado Charles B. Rosma, casado y padre de cinco hijos, cuyos restos estaban enterrados en algún lugar del sótano. Kate y Maggie, según recordaba la madre, se abrazaban la una a la otra en la cama, temblando de miedo. La señora Fox dijo en voz alta: “¿Continuarán los sonidos si aviso a mis vecinos para que vengan?”. Se oyeron dos golpes.
    El señor Fox salió corriendo de la casa y al minuto trajo consigo a la señora Redfield, y luego esta a su marido, y este al señor Duesler, y este… La señora Fox preguntó: “¿Hace cuánto que sufre?”. Se oyeron cuatro golpes, una pequeña pausa y otro golpe. Una pregunta más: “¿Fue asesinado?”. Se oyeron dos golpes. ¿En esta habitación? Dos golpes. “¿Puede ser castigado el culpable?”. Silencio.

    Al día siguiente, las niñas fueron enviadas lejos de la casa, a Rochester. Los sonidos se fueron con ellas y ellas identificaron al espectro que golpeaba como “Mister Splitfoot” (el señor Pie Hendido), un seudónimo del Demonio.

    Aquello fue el fin de la familia Fox y el comienzo de la carrera como médiums de las hermanas Fox. Con el respaldo de la comunidad cuáquera de Nueva York (los cuáqueros afirman que toda persona puede contactar con la divinidad mediante “el temblor”) y de influyentes políticos estatales que vieron las posibilidades religiosas que abría la comunicación con los muertos, las hermanas Fox fueron presentadas en sociedad. Durante cincuenta años, Kate y Maggie se convirtieron en las líderes de un nuevo movimiento, el espiritismo, organizado por su hermana Leah. Surgieron decenas de miles de imitadores en todo Occidente. Llegaron nuevas formas de comunicación: la escritura automática, las fotografías de fantasmas, psicofonías, los médiums poseídos, los mensajes del más allá… Aquello solo pudo ocurrir entonces, en pleno apogeo del Romanticismo, en la exaltación de lo sentimental frente a lo racional, de lo siniestro frente a las luces de la Ilustración…
    Las sesiones de las Fox eran espectaculares. Se oían toda clase de sonidos nuevos que parecían venir del punto en el que las hermanas Fox se sentaban a contactar con los muertos. Los escépticos trataron de descubrir el fraude, pero no hallaron mecanismo alguno en la mesa, en las sillas, en el suelo… Solo hubo un lugar en el que no miraron. Bajo sus faldas. Las hermanas estaban protegidas por el puritanismo de la época. Su feminidad fue su salvoconducto. Pero Kate y Maggie Fox cometieron un error fatal. Empezaron a beber. Pocos años después, eran alcohólicas sin remedio.

    Un cordel y una manzana

    Aquello derivó en un terrible enfrentamiento con su hermana Leah, la que llevaba las cuentas del movimiento espiritista. El alcohol, el despecho, la conciencia religiosa… Todo aquello tuvo un final cuando el 21 de octubre de 1885, en un teatro de Nueva York, in vino veritas, y a cambio de 1.500 dólares, Maggie Fox reconoció que todos los sonidos salían del crujido voluntario de sus articulaciones, de la rodilla, del tobillo, de los dedos de los pies… Fox confesó que durante años las hermanas habían ensayado hasta lograr el mayor ruido posible de cada chasquido deliberado de los dedos. En el silencio de una habitación oscura, cuando el cerebro quiere oír solo lo que desea, aquellos crujidos podían ser espectrales. En el escenario, tres médicos confirmaron la confesión de Maggie. Solo faltaba por saber qué ocurrió aquella noche en la que el fantasma de Charles B. Rosma golpeó la casa de los Fox.

    “Atamos un cordel largo a una manzana. Mi madre no pudo imaginar que dos niñas tan pequeñas pudieran haber urdido semejante fraude”.

    El último fraude

    Harry Houdini le dijo a su mujer que si él moría y ella trataba de comunicarse con él, sabría que era de verdad su espíritu si el médium usaba la frase “Rosabelle cree”. Al décimo año de su muerte, la viuda del mago apagó de un soplido la vela que había junto a su fotografía, diciendo: “Diez años es demasiado tiempo para esperar a un hombre”. En la misma tradición de Houdini, la Fundación James Randi ofrece un millón de dólares a quien pruebe sus poderes sobrenaturales. A día de hoy, de las decenas de miles de médiums que hay, muy pocos lo intentan… y nadie lo consigue. Entre los que no lo intentan está la médium más famosa del mundo: Sylvia Browne, especialista en saber el paradero de personas desaparecidas (cobra 700 dólares por 20 minutos de sesión telefónica) y que según la Fundación James Randi, jamás ha conseguido encontrar… a nadie.
     

  • Fuente: inter http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/sociedad/confesion-final-hermanas-fox-primeras-mediums-historia-20120314