Los rescates financieros inauguraron una nueva aritmética en la enmarañada ecuación de la eurozona. Al embrollo de las cuotas al presupuesto comunitario, fondos, ayudas y subvenciones, los socios del club han añadido desde 2010 nuevas sumas y restas que echarse en cara. Por un lado, el dinero aportado a los rescates y, en su caso, la diferencia con lo recibido. 

Pero estos cálculos son delicados. Poner en la misma balanza partidas de diferente naturaleza (préstamos, avales, garantías) que tienen plazos y tipos de interés distintos es un ejercicio que obliga a la precaución. Obvia, sobre todo, el llamado coste de oportunidad, es decir, el valor de tomar determinadas decisiones en ciertos momentos. Si no se hubiera taponado la hipotética ruptura del euro con los 200.000 de millones para Grecia, es probable que la factura del sistema financiero español se hubiera multiplicado considerablemente. 

En el lado del debe, España ha recibido 41.300 millones de euros al 5% para alejar a la banca del precipicio. El colchón de Bruselas cubre hasta 100.000 millones, pero, de momento, parece que no se va a pedir más. La partida de haberes es más enrevesada. Las herramientas que la eurozona ha ido sacando de la chistera para intentar arreglar las averías financieras dificultan los cálculos.
La primera operación de rescate a Grecia es la más fácil de desagregar ya que se llevó a cabo mediante préstamos bilaterales. España prestó a Atenas 6.650 millones de euros de un total de 52.900. A partir de ahí entró en escena el primero de los fondos intergubernamentales encomendados para el salvamento. La Facilidad Europea de Estabilidad Financiera (FEEF) con una dotación total de 440.000 millones de euros. España aporta un 12,7% al fondo. Así que los rescates a Irlanda, Portugal y el segundo de Grecia se traducen en 23.937 millones.

La diferencia de este mecanismo con los préstamos bilaterales de primer socorro griego es que los Estados no desembolsan directamente la cantidad que les corresponde. Su actuación se limita a avalar las emisiones del FEEF. El fondo funciona saliendo al mercado a emitir deuda y ese dinero, avalado por los Estados, es el que se presta a los países rescatados a un plazo medio de entre 15 y 30 años y un interés de en torno al 5%. En caso de que esos préstamos no se devuelvan, son los Estados avalistas los que tiene que pagar.

El segundo fondo de salvamento, el MEDE, se inauguró con la operación de rescate bancario de Chipre. La inyección a Nicosia fue de 9.000 millones de euros pese a involucrar a acreedores y grandes depositantes bancarios por primera vez en la historia de los rescates europeos. La cuota de España al MEDE es de 11,9% por lo que la aportación ha sido de 1.071 millones de euros. Este mecanismo también es diferente del FEEF. El fondo permanente sí funciona con capital ya desembolsado de los países integrantes y no con meros avales. 

Otra de las peculiaridades del MEDE es que todos los partícipes colaboran en las operaciones de rescate. Mientras Grecia, Irlanda y Portugal no pusieron dinero para sus rescates, España tuvo que desembolsar 4.879 millones con destino a las cuatro entidades nacionalizadas y al llamado “banco malo”.
Aún queda otra pata más. La aportación de España a la Comisión Europea, otra de las fuentes de financiación en los rescates. Tomando como referencia el 10% de cuota española en el presupuesto de la UE, saldrían 4.850 millones. Y aún queda un último pedazo para completar la tarta. El 1,69% de contribución de España al FMI, que se salda con otros 4.879 millones.

El préstamo a Grecia puede ser irrecuperable

La suma total de aportaciones españolas alcanza los 42.897 millones. Pero de esta bolsa de dinero hay partes que quizá no se puedan recuperar. El rescate griego ya sufrió una remodelación ante la peliaguda situación de Atenas. Los países de la eurozona aprobaron duplicar el plazo de devolución de los 52.900 millones concedidos desde los siete años y medio hasta los 15 años y rebajar el interés del 4,2% al 3,5%.

Los acreedores privados de los bonos helenos también le concedieron un respiro al aceptar unas quitas que alcanzaron el 53% del nominal, lo que equivale a un recorte de cerca del 75% del valor real. Grecia lleva 20 trimestres hundida en la recesión, con una tasa de paro del 27% y su deuda supera el 150% de su PIB. Ya empiezan a correr los rumores sobre un tercer rescate y desde Bruselas llevan tiempo buscando alternativas ante la cada vez más segura imposibilidad de cobrar la totalidad de los primeros préstamos.

De ser así, el FMI perdería su condición de acreedor sin tacha, ya que ha recuperado, por ahora, hasta la última moneda que ha prestado en sus setenta años de vida. Las opciones que se manejan van desde la conversión de los títulos de deuda en activos; la creación de una suerte de fondo de redención o hasta nuevas fórmulas de quitas como la extensión aún más de los plazos y eliminar el cobro del cupón.

Fuente: economia http://com.cincodias.feedsportal.com/c/33500/f/624601/s/30643da7/sc/36/l/0L0Scincodias0N0Carticulo0Ceconomia0Cespana0Eha0Eaportado0Erescates0Eeuropeos0Erecibido0Ebanca0C20A130A826cdsncdeco0I40C/story01.htm