La economía española enfila el camino de la salida de la recesión apoyada en un sector exterior que sirve de contrapeso a una demanda interna muy débil. En los seis primeros meses del año, las ventas de bienes han crecido un 8% y se han situado en máximos históricos, lo que le hace aventurar al Ejecutivo la posibilidad de que se cierre el año cerca del equilibrio comercial con un déficit del 1% del PIB. Si se produce esa situación, el recorte del déficit comercial sería superior a 20.000 millones de euros en tan solo un ejercicio, gracias al impulso vendedor de cuatro sectores (bienes de equipo, alimentos, automoción y química). En paralelo, la entrada de turistas extranjeros ha crecido con fuerza en los dos primeros meses de la temporada alta y han disparado las expectativas sobre la posibilidad de que se supere a final de año el listón de los 60 millones de turistas, un hito jamás alcanzado. La mejoría de nuestros tres mayores mercados emisores de visitantes (Reino Unido, Alemania y Francia) y el trasvase de turistas de Egipto ante la escalada de violencia en ese país se encuentran detrás de ese crecimiento sin parangón

La combinación de ambos factores ha sido un bálsamo para rebajar el déficit por cuenta corriente de España, que mide el saldo negativo de las transacciones de bienes, servicios, rentas y transferencias con el exterior. Este ha sido tradicionalmente elevado por el abultado déficit comercial de España, que carece de producción propia y depende en gran medida de las importaciones. El déficit corriente alcanzó un máximo histórico en 2007, cuando la diferencia negativa entre ingresos y pagos se elevó a 105.266 millones de euros, un 10% del PIB. En ese récord tuvo mucho que ver el déficit comercial, que en ese ejercicio también tocó techo, con 91.116 millones.

El menor déficit comercial y el alza de servicios turísticos y no turísticos consolidan esa tendencia a corto plazo

Cinco años y medio después, la situación es completamente diferente. El déficit corriente registrado en la primera mitad de 2012 (14.584 millones) se ha convertido en un superávit en el mismo período de 2013 (5.249 millones). La mayor corrección se ha producido en el déficit comercial, que ha pasado de 15.649 a 2.711 millones, lo que comporta un ajuste de 13.000 millones en un solo ejercicio. Ala consolidación de las exportaciones se ha unido un desplome sin precedentes de las importaciones, que han caído un 3,2% en tasa anual, lo que en términos absolutos supone un descenso cercano a los 4.000 millones de euros. Los expertos achacan esa bajada a la caída del consumo, mientras que el Ejecutivo cree que el efecto sustitución ha tenido un peso definitivo en ese descenso. Ese fenómeno consiste, según el secretario de Estado de Comercio, Jaime García-Legaz, en que los ajustes realizados por la economía española (precios y salarios más bajos) en los últimos años le ha hecho ganar competitividad ante otros socios y le permitido sustituir parte de las importaciones por producción nacional. En su última comparecencia pública ante la prensa, García-Legaz puso como ejemplo al sector de la automoción, en el que la cuota de la producción nacional era del 27% y ahora es del 36%. En este sector además se han afianzado un gran número de inversiones en compañías como Ford, Opel o PSA, con compromisos de mantenimiento y creación de empleo, a cambio de medidas de contención salarial.

La mayor aportación al superávit la hace la balanza de turismo, que recoge la diferencia positiva entre ingresos y gastos, con 13.875 millones entre enero y junio. El mayor incremento, sin embargo, se ha producido en la subbalanza de otros servicios, en el que el superávit ha crecido un 50% hasta situarse en 3.188 millones.

En este apartado destacan por su aportación las empresas de transportes, las de fletes (que se encargan de trasladar los intercambios comerciales entre países compradores y vendedores), así como las compañías que prestan servicios a otras empresas en el exterior. De hecho, las exportaciones de servicios no turísticos ya tienen un peso más importante en relación al PIB, con un 6,1% del PIB frente al 4% del turismo. La salida al exterior de las grandes empresas españolas ha sido determinante para impulsar esas cifras. Los servicios prestados a empresas, en especial los ligados a la consultoría, y el transporte, vinculado a las obras de infraestructuras, son las dos partidas más importantes. Desde que se inició la crisis, las ventas al exterior en estos dos capítulos han crecido un 13% pasando de 39.199 a 45.029 millones. El cambio de tendencia en la balanza de pagos está en línea con las previsiones del Gobierno que estima que cierre este año con un superávit equivalente al 2% del PIB.

Asignatura pendiente

Para que este buen tono de exportación de bienes y servicios, tanto turísticos como no turísticos, se mantenga es necesario, según los expertos consultados, proseguir en la línea de diversificación geográfica de los intereses españoles, hasta ahora muy centrados en la Unión Europea y más en concreto en la zona euro. A la unión económica de 17 países se destinan el 48,8% de las ventas al exterior y el objetivo de la Secretaria de Estado de Comercio es que ese porcentaje siga bajando a través de un mayor crecimiento en zonas con grandes expectativas de crecimiento como África, Asia o Latinoamérica. Buena prueba de ello es que los dos últimos planes de promoción aprobados tienen como destino Indonesia y Singapur.

Algo similar sucede en el caso de los servicios turísticos. El 80% de los visitantes a España proceden de la zona euro y la estrategia emprendida por el Gobierno desde hace ya varios años pasa por impulsar la llegada de turistas de zonas emergentes, como China o Rusia, con mayor capacidad de poder adquisitivo. Rusia, por ejemplo. es el décimo mercado por llegadas, pero escala a la tercera posición en pernoctaciones.

Fuente: economia http://com.cincodias.feedsportal.com/c/33500/f/624601/s/30957fae/sc/36/l/0Lcincodias0N0Ccincodias0C20A130C0A80C30A0Ceconomia0C13778528740I797520A0Bhtml/story01.htm