Mercados

Bankinter coloca 1.000 millones en cédulas al 1,1%

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Réquiem por el hechizo alemán

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Para la zona euro, la victoria del partido anti-austeridad Syriza en las elecciones griegas no es solo una prueba política. Marca el comienzo de una nueva y más prometedora fase de la historia de la unión monetaria: el final del período de transición de cinco meses que vio cómo la unión monetaria rompía el hechizo alemán. La austeridad a toda costa no estará en el centro del mecanismo de resolución de crisis de Europa, como lo ha estado durante los últimos cinco años.

Todo comenzó el pasado agosto, con un discurso de Mario Draghi ante los banqueros centrales más importantes del mundo en Jackson Hole, Wyoming (Estados Unidos), en que el presidente del Banco Central Europeo señaló que estaba dispuesto a romper los antiguos tabúes.

Ahora, por primera vez, los electores de un estado miembro de la unión monetaria han optado un gobierno que construyó su campaña en torno a su oposición a la austeridad. Pero los griegos también han elegido a un partido pro euro y pro Europa. El nuevo primer ministro Alexis Tsipras no habría recibido un mandato tan amplio si no hubiera silenciado al ala izquierda de su movimiento que contemplaba abiertamente una salida del euro.

Debido a esa postura anti austeridad y pro euro, Grecia ejercerá una influencia mucho mayor de la que su 2% del PIB de la eurozona merecería normalmente. Otros gobiernos se preocupan porque muchas cosas pueden salir mal en las importantes negociaciones entre Atenas, sus países acreedores y el Banco Central Europeo. Pero en un buen número de capitales, los líderes esperan en silencio que la elección griega se convierta en catalizadora para un cambio en el diálogo europeo. Sin abandonar la necesidad de la prudencia fiscal, están ansiosos de empezar a hablar más sobre crecimiento, creación de empleo y mejores formas de impulsar las economías del bloque y sus miembros individuales.

En varias capitales, los líderes esperan que la elección griega catalice un cambio en el diálogo europeo

En su discurso de Jackson Hole, Draghi señaló que el BCE estaba reconsiderando dos pilares fundamentales del consenso Berlín-Bruselas. Llamó a un replanteamiento de la austeridad fiscal en los países que podían permitirse el lujo de los estímulos (¿adivina quién?), y anunció que el BCE estaba listo para relajar la política monetaria. Entonces, tras acorralar a las autoridades alemanas para que admitieran que la baja inflación amenazaba con convertirse en un problema, diseñó el camino hacia la expansión cuantitativa a gran escala. Al final, Alemania ganó alguna concesión seria sobre el reparto de las pérdidas, pero el carácter masivo y abierto del programa de compra de bonos iba en contra de las opiniones de Berlín sobre la política monetaria.

La zona euro también está de camino hacia una verdadera unión bancaria –uno de los logros más importantes para salir de la crisis–. Y los términos del debate están cambiando. Los gobiernos de Francia e Italia, dispuestos a realizar reformas, pero necesitados de un respiro fiscal, defienden un estímulo económico bien considerado. Juntos, los dos países han aportado el 50% más que Alemania a los dos rescates de Grecia, por lo que deben encontrar una forma de hacer oír sus opiniones.

En las próximas semanas la zona euro volverá a entrar en su modo de crisis. Se espera que se hable de diferencias insalvables, ultimátum, severas advertencias y transacciones de último minuto. Cómo empleará el nuevo gobierno en Atenas su victoria sigue siendo un gran misterio. Pero al igual que sus predecesores, tendrá que demostrar que no está pidiendo a los alemanes, los franceses o los italianos que paguen los impuestos que los griegos no pagan.

Al igual que Angela Merkel debe tener en cuenta la voluntad de los votantes griegos, Alexis Tsipras debe entender las preocupaciones de los alemanes.

Los líderes de la unión monetaria y la Comisión Europea pueden aprovechar la situación griega para sacudirse el trance de las reformas de austeridad y estructurales. La declaración de independencia de Berlín no quiere decir que puedan ignorar las realidades económicas, pero les da la oportunidad de diseñar políticas que vayan más allá del dolor y el ajuste fiscal. Syriza puede errar, defraudar o fallar, pero las implicaciones de su victoria electoral ya se extienden mucho más allá de las fronteras de Grecia.

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Aena confirma que tiene toda su OPV cubierta a 49 euros

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Griegos independientes e inmortales

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El hombre es inmortal, así que puede lograr su salvación en el más allá. Pero el Estado no es inmortal, su salvación tiene que lograrla aquí y ahora”. El pueblo griego, mortal e inmortal, ha decidido hacer suya la frase del cardenal Richelieu para dejar de creer en el más allá de la troika y convencerse de que la única salvación para su colapso económico e institucional era un cambio de rumbo en las urnas.

La contundente victoria de Syriza en las elecciones (149 escaños) y el apoyo de los Griegos Independientes de ANEL (13), han permitido que Alexis Tsipras sea elegido primer ministro de un Estado intervenido institucionalmente y que, tras los sucesivos fracasos de los partidos tradicionales, la corrupción y la negligencia socioeconómica, es identificado internacionalmente como el símbolo de la crisis europea.

Tal situación de debilidad política y desencanto social ha sido recogida por los dos principales partidos de nuevo cuño. Por la cuenca de la izquierda ideológica aglutinados en la coalición radical victoriosa y por la derecha en la agrupación nacionalista ANEL. El euroescepticismo y la renegociación de la deuda son los argumentos que les han unido.

El líder de Syriza deberá explicar ahora desde el Gobierno y con los hechos si el calificativo de radical de la coalición se refiere a las modificaciones radicales que quieren realizar en los organismos y estrategias que ha asumido, de manera soberana, su Estado dentro de la Unión Europea. O si por el contrario su radicalismo quiere destruir el entramado institucional y democrático que hemos creado en Europa en los últimos 70 años, tal y como no se cansa de repetir el líder de Podemos en España.

Pero aunque Pablo Iglesias se haya intentado apuntar el tanto de la victoria en Grecia, la situación económica y política no es en absoluto equiparable a la de nuestro país. Además de que las duras reformas del Gobierno español están dando los primeros resultados, el triunfo de Syriza no ha sido una sorpresa porque la coalición se había convertido en la fuerza dominante de la izquierda griega desde que las anteriores elecciones obtuviera 71 escaños y dejara al Pasok al borde de una catástrofe política que finalmente tuvo lugar el pasado domingo.

Aun así, la crisis de la socialdemocracia y de los sectores moderados en Europa es un fenómeno sobre el que los líderes políticos deberían de reflexionar. En primer lugar, para hacer conciliable el crecimiento económico y la atención a los sectores más afectados por la recesión. Y en segundo lugar, para paliar el desequilibrio social que produjeron los años festivos de la bonanza económica y que ha empeorado aún más durante los largos y deprimentes años de la crisis. Los griegos le han pedido a la Unión Europea que no les desahucie, pero a sus partidos tradicionales les han pedido que no les humillen más tiempo con la mentira y la corrupción.

Pero el futuro de este experimento eurocrítico que está protagonizando el país balcánico del sur no podrá evolucionar más allá del euroescepticismo que une a los actuales griegos independientes y radicales. Porque a las dos agrupaciones coaligadas les separan asuntos tan relevantes como el tratamiento a los inmigrantes, las relaciones entre el Estado y la Iglesia ortodoxa griega o la política exterior. Cuestiones tan trascendentes como la pertenencia de Grecia a la OTAN y la creciente tensión entre los aliados y el muy poco ortodoxo Gobierno ruso. O como la cuestión de Chipre, que significa el rechazo histórico de los griegos a la entrada de Turquía en Europa y mantiene un conflicto abierto entre ambos Estados.

Aunque el cardenal Richelieu no se refiriera a ella, la Unión Europea tampoco es inmortal. Y sería deseable que de momento nadie intentara salvarla aquí y ahora. Y tampoco destruirla. Ni por la derecha fascista que aflora en el seno de los países acreedores de la Unión ni por la izquierda frentepopulista que emerge y se consolida en los países deudores. La reacción de la prensa europea, de los mercados y de los líderes europeos ha sido unánime ante el histórico triunfo de Syriza: moderación.

 

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Cómo medir la tensión en los mercados por el vuelco griego

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Continúa el castigo de los inversores a Grecia en el mercado. El Ase, su principal indicador bursátil, retrocedió ayer un 3,2% y hoy se deja un 5,76% tras la victoria electoral de Syriza y su pacto de Gobierno con el partido de la derecha nacionalista Griegos Independientes. Además, la rentabilidad de la deuda soberana del país se sigue disparando, sobre todo en sus plazos cortos. La frágil situación de los bancos griegos o los vencimientos de deuda son algunos los indicadores que medirán el grado de tensión del nuevo tiempo político en el país.

Bancos griegos, tocados

La mayoría de los expertos ponen el foco sobre los bancos griegos. Desde Citi recuerdan que a finales de diciembre, las entidades financieras helenas recibieron 65.000 millones de euros de fondos del BCE, ligados en buena medida a la existencia de un rescate. Los expertos de Barclays indican que la semana pasada hubo salidas de los depósitos bancarios helenos de 10.000 millones (el total es de 164.000). Desde diciembre, se han registrado salidas por 20.000 millones. En este contexto, el ELA (fondo de liquidez de emergencia del BCE) para los bancos griegos será crucial.Su acceso a esta línea dependerá de que el país siga bajo el paraguas de algún acuerdo con la troika.

Ayer, todos los bancos griegos cayeron con fuerza en Bolsa salvo Attica, que se disparó un 25%. Eurobank, Alpha Bank,NationalBank of Greece y Piraeus bajaron más de un 10%. Hoy, el castigo se afianza. Así, el desplome del 5,7% de la Bolsa helena responde en buena medida a sus entidades financieras. Eurobank cae un 20%; Alpha Bank, un 18%; Piraeus, un 18%; Attica Bank, un 15% y National Bank of Greece, un 14%. Los expertos de RBS recuerdan que las entidades financieras griegas siguen “en cuidados intensivos” y cuentan entre sus múltiples problemas con una tasa de créditos dudosos superior al 34%.

La deuda helena, disparada

El nuevo Gobierno heleno buscará reestructurar la deuda soberana del país, por lo que ayer los inversores vendieron bonos públicos del país y hoy siguen por el mismo camino. Quizá el mayor inidicador del nerviosismo que recorre el mercado es la rentabilidad de la deuda helena a plazos cortos. Por ejemplo, el bono a tres años, que subió ayer hasta el 12%, sube hoy hasta el 14%. También sube con fuerza la deuda griega a diez años, que recuperó ayer el nivel del 9% y hoy avanza al 9,5%. La prima de riesgo de Grecia, el diferencial entre el bono a una década y su homólogo alemán, se acerca a los 900 puntos básicos.

Riesgo de contagio reducido

El contagio sobre el resto de países periféricos en el mercado de deuda del vuelvo político enGrecia fue inexistente. El anuncio del programa de compra de activos del BCE llevó la semana pasada al interés de la deuda de todos los países europeos por debajo o cerca de mínimos históricos y en torno a esos niveles continuaron ayer. Hoy están corrigiendo algo, pero se mantienen cerca de mínimos. La rentabilidad del bono español a diez años sube al 1,4$ con la prima de riesgo en los 101 puntos básicos. Apenas se inmutan los bonos a diez años de Portugal (en el 2,37%) o Italia (1,49%). La ausencia de contagio al resto de países periféricos de la zona euro es otro de los indicadores que muestran la tensión en el mercado, de momento, nada que ver con la de anteriores episodios de la crisis del euro. Este escaso contagio se ha puesto de manifiesto en la subasta del Tesoro de hoy, en la que España ha vendido letras a un interés cercano a cero.

Vencimientos de deuda

El Gobierno de Syriza deberá negociar con la Comisión Europea un nuevo paquete de ayudas en un año en el que el país tendrá que hacer frente a vencimientos de su deuda por un importe de unos 8.000 millones de euros. La mayor parte, unos 7.000 millones, vencen entre junio y julio.La capacidad de Grecia para hacer frente a esos pagos si no ha cerrado antes un acuerdo con Bruselas podría quedar en entredicho. Precisamente tras el pago de esos intereses,el BCE podría volver a comprar deuda helena en el marco de su QE siempre y cuando se haya alcanzado un acuerdo con las nuevas autoridades helenas.

Posible seísmo político

Existe unanimidad en los informes de los bancos de inversión internacionales sobre la influencia política que el vuelco en el Gobierno heleno puede tener sobre el resto de Europa, en especial, en aquellos países que celebran elecciones este año como Portugal oEspaña. “SiTsipras logra obtener significativas concesiones a la troika, esto reforzará la capacidad de similares partidos de izquierdas de ganar más apoyo (todos los ojos están en España, con Podemos mostrándose fuerte de cara a las elecciones de fin de año”, señalan desde Bank of America Merrill Lynch.

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En manos de quién está la insostenible deuda griega

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Syriza tuvo que dejar claro en su campaña electoral que no es su propósito la salida de Grecia del euro. Alejaba así un fantasma agitado por sus rivales políticos pero que sí llegó a ser una posibilidad cierta en 2011, en los momentos más crudos de la devastadora crisis por la que ha atravesado el país y que entonces desembocó en una quita a su deuda y en la concesión de un segundo rescate. Y fue en la concesión de aquella segunda ayuda cuando más se fraguó el vínculo por el que no solo sería Grecia quien encajara el golpe de abandonar el euro –y de encontrarse con un dracma de mucho menos valor con el que hacer frente a sus deudas y a su financiación– sino también sus propios socios de la zona euro, en realidad sus grandes acreedores.

Tras la victoria electoral de Syriza, Atenas y Bruselas –incluida Berlín– están condenadas a entenderse. Ya antes de las elecciones se hizo evidente el grave problema de la sostenibilidad de la deuda griega, equivalente a más del 170% del PIB, y de la incapacidad del país de financiarse en el mercado en solitario. Las negociaciones para la reestructuración de la deuda griega serán por tanto el escenario inevitable con el que impedir una suspensión de pagos que el nuevo Gobierno griego no desea y sus acreedores tampoco.

Un total de 217.400 millones de euros de deuda soberana griega, el 69%, está en manos del FMI_y de los países de la zona euro, ya sea por los préstamos bilaterales que cada uno concedió a Grecia en el primer rescate o a través del riesgo asumido dentro del Mecanismo Europeo de Estabilidad Financiera (EFSF por sus siglas en inglés), el vehículo con el que se articuló el segundo rescate.

En el primer rescate, concedido en mayo de 2010, el FMI aportó 20.100 millones de euros y los estados miembros de la zona euro, 52.900 millones de euros. Un total de 73.000 millones de los que la mayor parte correspondió a Alemania, con 15.165 millones de euros, seguida de Francia, con 11.388 millones. España contribuyó entonces con 6.650 millones.

En el segundo rescate, de noviembre de 2011, el FMI asumió una contribución de 28.000 millones de euros –de los que 8.200 millones se concederían a partir de 2014 y que el organismo dejó en suspenso a la espera de un acuerdo entre la troika y Atenas– y el Mecanismo Europeo de Estabilidad, de 141.800 millones de euros, lo que supuso una nueva concesión de financiación por parte de los socios europeos. Este mecanismo, creado en octubre de 2011 como cortafuegos ante la crisis y con el que financiar los rescates de países socios en apuros, se diseñó con un reparto del capital en la misma proporción del pactado en la creación del Banco Central Europeo. Así, a España le corresponde el 12,75% de esa segunda ayuda a Grecia, mientras que el primer gran acreedor vuelve a ser Alemania, que asume el 29,07% de la financiación del EFSF, seguida de Francia, con el 21,83%.

El ministro de Economía, Luis de Guindos, cifró recientemente en 26.000 millones de euros la cuantía que España se juega con la deuda griega, motivo para no desear su salida del euro ni la aplicación de una quita.

La deuda soberana griega ya sufrió una fuerte quita para los bonos en manos de inversores privados como parte de la negociación del segundo rescate del país. Asumieron una pérdida del 53% que permitió rebajar el montante de la deuda pública en 100.000 millones de euros, en una negociación tras la que los estados de la zona euro, el FMI y el BCE quedaron como los grandes acreedores del país. De hecho, la banca europea –en especial la alemana y la francesa, la más expuesta a los bonos griegos– ya había ido vendiendo con contundencia su deuda helena en el mercado, lo que sin duda contribuyó a disparar la prima de riesgo del país. Y cuando se acordó la ejecución de la quita, su riesgo quedó finalmente reducido al mínimo. Apenas el 12% del total de la deuda soberana griega está ahora en manos privadas, lo que en buena parte explica que la incertidumbre sobre la solvencia del país haya tenido un efecto limitado en mercado. Y buena parte de estos acreedores privados corresponden a fondos que en su momento no aceptaron la quita y no acudieron al canje.

El BCE es el tercer mayor acreedor de Grecia con el 9% de su deuda soberana y, como tal, promete jugar un papel determinante, más aún después de que Mario Draghi haya anunciado su plan de compra masiva de deuda soberana. La institución tiene en balance bonos griegos por 27.200 millones de euros, un riesgo que, como sucede en el EFSF, sí se comparte de forma solidaria entre los países del euro y que también entrará en juego en el nuevo esquema que se negocie para la deuda helena. No en vano, el reparto de los riesgos ha sido el gran escollo para el diseño de la expansión cuantitativa de la que, acuerdo político mediante, los bonos griegos también podrán beneficiarse a partir de julio, cuando el BCE tenga vía libre para volver a endeudarse con Atenas.

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El principio del fin de la estrategia de Merkel

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Las señales se suceden y son cada vez más inequívocas. La zona euro se aleja a pasos apresurados de la estrategia seguida durante cinco años para combatir la crisis, una estrategia dictada en gran parte por Berlín y que muchos socios han seguido solo a regañadientes. Incluso la canciller alemana, Angela Merkel, parece consciente de que su fórmula se ha agotado y ha empezado a cambiar el rumbo.

El giro de Merkel, como casi siempre con la canciller, es aparentemente imperceptible hasta que se consuma y se comprueba que ha sido de 180 grados. La victoria en Grecia de Syriza, un partido que gracias a su oposición a la troika ha pasado de 313.000 votos en 2009 a rozar este domingo la mayoría absoluta con más de dos millones de votos, parece la puntilla a los dictados habituales de Berlín. Merkel acepta ya o se resigna a que la zona euro siga otro tratamiento, aunque solo sea para evitar una crisis política tan peligrosa o más como la financiera.

Fuentes europeas subrayan la resignación con que Merkel ha aceptado el plan de compra de deuda aprobado el jueves pasado del BCE, a pesar de que es conocida la abierta oposición de Berlín. El silencio de Merkel, señalan esas fuentes, ha evitado un peligroso choque con Mario Draghi, presidente del BCE.

Berlín tampoco ha boicoteado el plan de inversión lanzado por el nuevo presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, una gota de 300.000 millones de euros pero que aspira a romper con una política que ha sido restrictiva incluso en los países con margen presupuestario. Juncker también ha logrado sacar adelante una tímida reinterpretación del Pacto de Estabilidad que no varía los fundamentos de esa norma, pero que pretende conceder a Bruselas algo más de margen en la evaluación del déficit excesivo de los socios del euro.

El silencio de Merkel también ha resonado durante la campaña electoral en Grecia. En 2012, la ofensiva de Berlín, con amenazas de expulsión del euro incluidas, logró evitar la victoria de Syriza en Grecia y propició la formación de un gobierno de coalición entre populares y socialistas presidido por Samaras. En 2015, Alemania no ha intervenido, salvo alguna filtración inoportuna al parecer más ligada al ministerio de Finanzas que a la cancillería.

La prueba de fuego de la nueva actitud de Merkel llegará con la renegociación del rescate de Grecia y con la ampliación (o no) de los plazos para que Francia reduzca su déficit por debajo del 3% (ahora dispone hasta finales de este año).

En Bruselas, algunas fuentes dudan de la conversión de Merkel. Pero incluso si se confirma conviene no minusvalorar la capacidad de la canciller para sembrar dudas sobre el futuro de la zona euro. La semana pasada, por imposición de Berlín, el BCE tuvo que añadir una letra pequeña a su plan de compra de deuda que deja claro al inversor que Alemania quiere cuentas separadas por si se rompiera la moneda única. Los mercados han preferido ignorar esa diabólica semilla plantada por Merkel. Pero podría brotar con fuerza si vuelve la inestabilidad.

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Europa ante el dilema griego

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Los mercados vivieron ayer con calma la victoria de Syriza en Grecia. Salvo en Atenas, donde la Bolsa cayó un 3,2% y la prima de riesgo volvió a repuntar, los parqués descontaron un triunfo anticipado por las encuestas y que, por tanto, no provocó excesiva sorpresa. Además de los pronósticos que sirvieron de antesala al triunfo de la coalición de izquierda, el ambicioso programa de compra masiva de deuda pública anunciado el pasado jueves por el Banco Central Europeo (BCE) terminó de ahuyentar la inquietud por los resultados de los comicios. El apoyo del banco central, que resulta esencial para neutralizar el temor a un posible efecto contagio en Europa, se sumó al convencimiento de los inversores de que el nuevo Ejecutivo de Grecia podrá llegar a un acuerdo razonable con las autoridades europeas sobre la reestructuración de la deuda del país. Hace solamente dos años, en plena crisis de deuda soberana y con el euro agrietado, un vuelco político del calibre del vivido en Atenas habría abierto la puerta hasta a una posible salida del país de la zona euro. Hoy esa posibilidad no se plantea, no solo por la mayor fortaleza de una Europa que no tiene tantos frentes abiertos como entonces, sino porque tanto Atenas como Bruselas son conscientes de que una salida de la moneda única no beneficiaría a ninguna de las partes. Pese a ello, la postura de la eurozona no parece que vaya a ser tan flexible como Syriza pretende. La reunión celebrada ayer por el Eurogrupo, los ministros de economía de la zona euro, se saldó con el acuerdo de abrir un proceso negociador con Atenas sobre el pago del rescate, pero también con una negativa a la posibilidad de condonar parte de la deuda.

La hoja de ruta diseñada por el Eurogrupo para afrontar el futuro financiero de Grecia incluye una segunda prórroga técnica al rescate, que expira el 28 de febrero, de forma que el país pueda disponer de oxígeno al menos hasta el verano. Con esa relativa tranquilidad llegará Alexis Tsipras, como nuevo primer ministro de Grecia, a la próxima cumbre europea, el 12 de febrero, donde se encontrará con Angela Merkel y probará la firmeza del escollo alemán. Como ocurrió durante los rigores de la crisis de deuda soberana, Berlín rechaza con dureza cualquier acuerdo que implique condonar las obligaciones financieras de los países rescatados. Más allá de esa línea roja, los vientos que soplan en Bruselas parecen favorables a aplicar cierta flexibilidad al calendario de Atenas. Aunque las condiciones del rescate heleno son ya muy favorables, Europa debe ser consciente de que el lastre que arrastra el país mantendrá a Grecia hipotecada durante mucho tiempo y sin posibilidades de alimentar ningún atisbo de crecimiento. El dilema de Bruselas está, por tanto, en elegir entre mantener una Atenas empobrecida y social y políticamente conflictiva o levantar un poco el pie del pedal y dar un respiro al país.

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España se financia casi gratis a tres meses

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España sigue batiendo records con la deuda. Hoy, en la primera tras el anuncio del Banco Central Europeo (BCE) de su plan de compra de activos públicos y privados y el resultado de las elecciones griegas, ha captado 2.561 millones de euros en letras a tres y nueve meses, con una demanda total en ambas referencias de más de 7.600 millones

El organismo apenas pagará nada por las letras a tres meses, un 0,018% de media, de las que ha colocado 561 millones. Por la que vencen en nueve meses abonará una rentabilidad del 0,137%. En el primer caso el interés es mínimo histórico para una subasta, si bien aún no paga intereses en negativo, como ocurre con la deuda que vence en febrero. Las letras que expiran el día 20 del próximo mes ofrecen una rentabilidad negativa del –0,3%.

En la deuda a nueve meses, es el segundo tipo más bajo jamás pagado, después de la colocación efectuada el agosto pasado, cuando prometió un 0,11%.

La subasta se ha ejecutado después de que el BCE anunciara el jueves que realizará compras de activos por importe de 60.000 millones de euros al mes al menos hasta septiembre de 2016 y hasta que se aprecie un ritmo sostenido en la inflación consistente con el objetivo de estabilidad del BCE.

El anuncio provocó un significativo descenso en los costes de financiación de la deuda de la mayor parte de los países de la eurozona durante esta semana, que en el caso de España llegó a situarse por primera vez por debajo del 1,30%, mientras el euro renovaba mínimos desde 2003 al caer a menos de 1,13 dólares.

Pese a la mejora que ha provocado el plan del BCE en los mercados, la subasta también podría recoger el resultado de las elecciones de Grecia, que han dado la victoria a Syriza y han provocado cierta incertidumbre en los mercados al inicio de la semana.

 

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Guindos velará por no perder los 26.000 millones prestados a Grecia

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El ministro español de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, afirmó hoy que España velará por no perder los 26.000 millones de euros que ha prestado a Grecia en el marco del rescate al país, a la vez que descartó una reestructuración de su deuda.

“La gente tiene que ser consciente de que nosotros ya hemos sido muy generosos con Grecia, vamos a continuar siéndolo como lo fuimos en el pasado, y sin embargo, hay 26.000 millones de euros prestados y España tiene que velar por ese dinero, que es de todos los españoles”, afirmó De Guindos a su llegada al Consejo de ministros de Economía y Finanzas de la UE, el Ecofin.

“Cualquier político responsable lo que quiere es que ese dinero se recupere”, opinó el ministro español, quien recalcó que “esos 26.000 millones para un país como España suponen un esfuerzo enorme, es un esfuerzo muy importante”.

De Guindos indicó que esta cantidad es equivalente a lo que España gasta en un año en el pago de las prestaciones por desempleo.

El ministro español descartó que se vaya a aplicar una quita parcial a la deuda pública de Grecia e indicó que el camino a seguir es continuar las negociaciones con la zona del euro para cerrar la última revisión del programa de reformas asociado al segundo rescate financiero, a la vez que el país continúa haciendo esfuerzos.

“La reestructuración no está en la mesa, lo que está es la solidaridad europea”, dijo el ministro, quien recordó que ya se han modificado en cuatro ocasiones las condiciones del préstamo griego, con la reducción de los tipos de interés y el alargamiento de plazos de la devolución de los créditos.

También indicó que la victoria de la coalición de izquierdas Syriza, que defiende una quita de la deuda y renegociar las condiciones del rescate, en las elecciones del pasado domingo no modifica la posición de la zona del euro.

“El planteamiento es muy simple, nosotros estamos dispuestos a negociar con Grecia, que necesita a la zona del euro, nuestra solidaridad, y no tiene acceso a los mercados”, recalcó.

Si Atenas quiere pagar sus servicios públicos fundamentales “necesita esta financiación y simultáneamente tiene que cumplir sus compromisos”, agregó. “En relación a Grecia, los planteamientos siguen siendo exactamente los mismos que hace un mes”, aseguró De Guindos.

El ministro también evitó hacer “juicios a priori” respecto a qué posición y qué peticiones llevará Syriza a la mesa de negociaciones. También descartó que las elecciones griegas vayan a causar algún efecto de contagio en España. 

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